sábado, 6 de octubre de 2007

No todos sois libres

...Sí, ha llegado la hora, Atenea, date prisa que el tiempo apremia...



Siempre hay una hora para actuar, un momento en el cual todo se ha de estar hecho. Se llama pertinecia. Pero mi libertad me impide verla.

Existe un aura extraña en nuestra especie que de vez en cuando nos impide ver con claridad, encontrar el momento preciso para actuar, es una lente casi opaca que no nos deja apreciar las cosas tal y como son. Pero ¿en realidad, podemos decir que una cosa es de una manera y no de otra o es esto una valoración personal? ¿Podemos hablar de objetividad? Existe, ahora sí, un aura de subjetividad entorno a cualquier cosa que consideremos real; ¿por qué sino las leyes habrían de ser interpretadas por un juez? Esta característica de la visión nos impide juzgar, porque para emitir un juicio correcto se ha de llevar de acuerdo con unas leyes, nosotros sin embargo, siendo personas como somos, actuamos sin patrones, cada uno es diferente y por tanto así han de ser sus puntos de vista. Determinar pues el justo momento es una ardua tarea cuando uno se encuentra frente a frente con su libertad por primera vez. La libertad no es, como muchos piensan, hacer lo que se quiera cuando quiera, sino ser responsable de los propios actos. Parece mentira pero el par libertad-responsabilidad se muestra como un fenómeno indisociable. Ser libre, pues, no significa dejarse caer a ciegas sobre la vida.

Con todo esto, puedo decir que estoy perdid@ en mi propia libertad naciente. El tiempo pasa, el tiempo mientras pasa no me avisa, nadie me avisa, solo sé que estoy yo aquí. El mismo tiempo es capaz de dejarte anclado, seguir corriendo y solo avisarte cuando todo haya ocurrido. Yo decido mis caminos y he de encontar esa pertienncia en mis actos mientras avanzo a ciegas en el nuevo mundo. ¿Estoy perdiendo quizás el tiempo en lo que hago y no hago? Estoy en la obligación de decidir cómo reorganizar una nueva vida de responsabilidades, pero nadie me avisó y ahora, cuando todo está pasando, me doy cuenta. Aun así en el fondo sabemos que podemos ser los dueños de nuestra propia vida pero hay que pujar por ello. Y eso no te lo da nadie, te lo ganas tú con tus actos y decisiones.
" Sed aequam memento rebus in arduis servare mentem "