¿Hay tal suerte capaz de defender el “vivieron felices
para siempre”? ¿Y si nuestra realidad es otra? ¿Cuántos caballeros mágicos, hadas
madrinas y sueños hechos realidad hemos visto en los últimos meses? La realidad además de ser diferente es
mucho más aburrida. En lugar de eso, tenemos madrastras, ogros, sueños jamás
realizados, monotonía eterna, inseguridades salvajes.
Nos vendieron bien el pastel las películas Disney. ¡Quién
tuviera doce años para seguir pensando en ser de mayor pirata y vivir aventuras
sin límites por los siete mares! ¡Quién una princesa en su maravilloso palacio
rodeada de apuestos príncipes y grandes aventuras! ¡A quién no le gustaría
vivir en la jungla, bajo el mar, o en un país mágico y secreto!
Raro es que después de ver, vivir y crecer con la magia no desearas
que tu vida, por un momento, no fuera ni la mitad de envidiable que la de los
finales de cuento. Y de ahí viene nuestra necesidad de tener niños pasado un
tiempo, para poder vivir de cerca, aunque solo sea un poco y de rebote, todo lo
bueno y especial que tiene el vivir constantemente dentro de un juego.
Curioso es que de pequeños juguemos a ser mayores y de
mayores a ser niños; donde muchos preferirán quedarse atrapados tanto como el
tiempo les permita.