viernes, 24 de agosto de 2012

Disipaciones de estudio

Me quedo parada, hipnotizada por el calor, en un estado pasivo y con la mente flotando y disipándose, como si fuera un gas, cada vez más lejos, en más lugares pero sin volver a mí de nuevo. Enciendo el ordenador y cojo mis apuntes, leo y leo, pero ¿qué he leído? Vuelvo a empezar y leo, leo, leo, no se qué habré leído y ya no quiero volver a empezar, me aburre soberanamente estudiar. Me pego una ducha, seguro que esto me ayudará a volver en mí, un café (¡la mejor medicina contra la medicina!) y me convenzo de que ya está todo solucionado. Ventanas abiertas, ruido, movimiento ahí fuera de olas allá donde estén mis vagas ideas. Todo el mundo se sincroniza y espera a que te sientes y te concentres para proponerte las más crueles tentaciones antiestudio.



Cojo el móvil y nada nuevo, escribo, borro, escribo, leo antiguos mensajes sin parpadear y al mismo tiempo me sumerjo en otra época que se me hace ya lejana. Suspiros ocasionales, sonrisas, recuerdos, una sádica combinación de felicidad y dolor. Y entre tiempos levanto la cabeza para conocer mi realidad.

Todo tiene su momento, pero el momento, aunque solo sea en forma de recuerdo, revive la nostalgia de algo que no se pierde, una extraña necesidad de volver atrás para atrapar de un vuelo una sonrisa pasajera. Me pregunto si se podría recoger todo lo guardado en la memoria y entregarlo como un regalo único que permita volar en el tiempo y alcanzar lo que se añora...

Conclusión: a menos horas muertas (de estudio) más tranquilidad mental y menos divagaciones, al contrario de lo que puede parecer.
 
" Sed aequam memento rebus in arduis servare mentem "