Cojo el móvil y nada nuevo, escribo, borro, escribo, leo antiguos mensajes sin parpadear y al mismo tiempo me sumerjo en otra época que se me hace ya lejana. Suspiros ocasionales, sonrisas, recuerdos, una sádica combinación de felicidad y dolor. Y entre tiempos levanto la cabeza para conocer mi realidad.
Todo tiene su momento, pero el momento, aunque solo sea en forma de recuerdo, revive la nostalgia de algo que no se pierde, una extraña necesidad de volver atrás para atrapar de un vuelo una sonrisa pasajera. Me pregunto si se podría recoger todo lo guardado en la memoria y entregarlo como un regalo único que permita volar en el tiempo y alcanzar lo que se añora...
Conclusión: a menos horas muertas (de estudio) más tranquilidad mental y menos divagaciones, al contrario de lo que puede parecer.

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