Quiero cerrar los ojos y perderme de nuevo entre las hadas, recordar cada una de las risas y sonrisas censuradas, elevar las manos y gritar al cielo mis deseos más oscuros...
Confinada en mi eterna tumba, meditabunda y en congojas del momento. Quiero entender el tiempo, quiero que pase muy muy lento. Más lento aún.
He borrado mis sollozos por trozos de miradas cristalinas que congelan mi piel clara. Desarmada, retraida, embebida en un sabor tan penetrante como suicida.
Y de nuevo en pie, encendida, en volandas, de puntillas, asomándome al balcón, reduciendo mis antojos a cenizas, haciendo merecidas trizas de lo que ha sido y fue un Nunca Más.
Historias de alcobas vacías, primera parte.
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