
Esta noche he decidido hacer de mi blog, un blog, y olvidar mi diario, un relato de una historia de un día y una noche, mientras trasnocho.
Y me duele ver que vuelve a ser así, un día y otro y otro y así uno de cada tres…sin poder evitarlo, sin tener el control del freno.
Pues bien, son 4:00 de la madrugada y todo está en una inventada calma, que se pierde en la corriente de mis pensamientos, en la dureza de mis emociones y en las cavilaciones de mis movimientos. No soy consciente a priori, pero sé que existe una reacción latente en mi cabeza incapaz de dominarse. En un principio, pensé que era por el café pero con el tiempo me di cuenta de que ocurría de forma aleatoria, bajo los efectos de cualquiera de mis dulces drogas. Y pienso, otra vez aquí, plantada en mi resignación consciente, escribiendo sobre folios huérfanos solo para transmitirme la tranquilidad de saber que no estoy sola. Pero envuelta en velo gris todo acontece diferente.
Camino los pasos de cualquier albor, zombie de mi propia consciencia, avanzo rápido, más rápido por ser más tarde que nunca, aunque ya por tercera vez habitual. En fin, sin ningún sentido mas que el de verse esfumar el tiempo de sueño por escuchar las voces de un charlatán. ¡Dios como odio a esta gente! carente de fundamento alguno, perdido en una doctrina de cuento, anacrónica y estúpida, sin bases pedagógicas, sin otra cosa que eso mismo, ser charlatanes, incompetentes señores de la gran chapa y parásitos del sistema educativo. Perdón, borro lo de educativo, permíteme que lo ponga en duda.
Algo me aterra y me destierra, salgo a la superficie con un bramido poco habitual y encuentro mis rostros conocidos. Lo bonito de la amistad es que no hicieron falta calificativos ni palabra alguna para entender esas caras inexpresivas de un lunes a las 8 con el chapas…Todo está en el aire.
La facultad sigue su curso, es maravillosa, es libre, inconsciente, demasiado para que me ate. Mi cabeza hoy no atiende a razones, pero me deslizo a ver los pros y contras de la parasitología elemental. Un poco difícil cuando tus últimos apuntes se desvanecieron por una noche de fiesta, en un sinsentido más de lo que debe cuadrar y no lo hace. Interesante ver pasar el reloj de forma tan elocuente, y sigue hablando y copio sus palabras como si fuera un acto reflejo, esta vez no sería inatención por ausencias. Mientras continuo mi cancionero, tarareo un par de canciones que me marcaron hace unas horas y disfruto en mi momento allbran, sentada en un banco del pasillo y con los ojos cerrados escuchando el resonar de lo mejor del new age. Pierdo la conciencia del tiempo, me evado, respiro hondo y vuelo fuera, no quiero fingir estar preparada para abrirlos y…violá Ey pequeña, te estábamos buscando para arrastrarte a la cafetería y que razón cuando dijo lo de arrastrar. Qué pasó? Me lo vas a contar y lo sabes! Que iba a saber yo, sino nada de nada. Intrigada por mi propia tragicomedia, repitiendo un discurso sincero pero algo más digno de escuchar que el de mi fuero interno. Punto 1: controlar la taquicardia y tomar aire, todo parece tan sencillo; punto 2: seleccionar las palabras, adecuación al contexto. Aunque el café supuso un minipunto me desplomé, cuestiones del directo, me miré a lo lejos durante una larga temporada, lo que fueron unos minutos eternos, esos que se rompen con el chasquido de unos dedos que te obligan a volver a la realidad, aunque se esté sumido en los mejores sueños despiertos. Estoy tonta, volví a pensar, ¿qué estoy haciendo? No te dejes llevar, contrólate. Y lo hice, después de hablar con la voz de una de mis chicas, después de fingir que iba a estudiar en la biblioteca, salí a tomar el sol más cálido de septiembre. Aunque no era una actividad de grupo se sumó otra de las chicas, y sin saber cómo ni por qué discutimos en un silencio que acabó con la separación, lo siento estaba muy irritable. Pero seguí andando, me acordé de aquel día en que desaparecí de la facultad y me fui al río, necesitaba ver un cambio, y el río no paraba de estar en constante cambio. Ese día fue genial, fue un soplo de energía y pensar en él me hizo desearlo de nuevo; sin embargo, allí estaban los chicos en medio de un coloquio discutiendo destinos para perderse del mundo ecuador, sin saber que muchos viajarían más lejos por el alcohol que por el destino seleccionado. Me gustaría ir a cualquier lado, todo es interesante, ¿por qué no? Claro que hay que sopesar el dinero y las condiciones. Cada vez lo veo todo más claro, y todo me parece buena idea, esa panda me está convenciendo, no me lo puedo creer! El miércoles les daré la razón, porque para esto cualquier opinión es buena.
La anatomía patológica se fue tan veloz como llegó y yo me fui con ella, no al hospital sino paseando por mi ciudad sin límites hasta encontrar la forma de volver a casa. Comer, dormir, relax, café…Sigo en mi evasión, en mi mundo de flores mustias, en mi pequeño claustro de marfil. Entre las paredes de este cuarto que me apresa, todo se hace más feroz. La cama es cálida y me abraza con una dulzura maternal, lo agradezco, es el gesto que necesitaba. Para disfrutar de su compañía dejo pasar las horas y solo dejo que el aroma de un café recién hecho me levante de esta adorada calma. Quiero dejar el ordenador pero sé que no lo voy a hacer, sé que no estudiaré, sé que no acabaré el trabajo; en fin, sé que será otra tarde perdida y empecé a desear que pasara ya, mientras mi hermana me relataba las historias de sus planes. Escuché y me pareció bien, me dijo que se lo contara y me negué otra vez, así que respondí a sus planes y le di mis opiniones, un poco apática por ser el día que era, y qué sé yo. Vuelvo a mi caudal, jugueteo con chismes de mi cuarto una y otra vez y espero delante de esta pantalla a percibir el olor de algo suculento que me indique que existen mejores planes. En fin, los hubo. Callé y opiné como hago siempre y pensé en querer dormir a toda costa. Pero entonces sucedió esto. Estaba viendo una serie de televisión un poco insulsa; al final el protagonista escribía en su blog y le copié la idea para matar mi tiempo. Y bajo este dolor de cabeza, que marca un cansancio muy profundo, una invitación para volver a perderme entre las sábanas, otra caricia para olvidar deseos, pero no más que otro farol. Un farol de la vida, que te conquista en los momentos menos oportunos, y que cuando quieres creértelo ya no queda nadie jugando a las cartas. La esencia del mito. Prefiero creer en la eterna libertad, no en las tentaciones efímeras del ser, me apetece volver a volar. Y ahora que lo pienso, me apetece dormir, y por esta vez olvidar, que ha sido un día más y me apetece descansar mis horas muertas para cambiarlas por sueños pseudoreconciliadores que me atrapen en tela de araña, ya sabes, como aquel de ayer…
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