domingo, 18 de diciembre de 2011

Los Cuentacuentos




Érase una vez un grupo de debate que llegó a conocerse vulgarmente como “los Cuentacuentos”. Solían reunirse todos los días en el café más prestigioso de la gran Vía de Madrid, por aquel entonces, el Café-Teatro Renacimiento. Su única pretensión era comerciar. Comerciaban con sus ideales y vendían sus teorías, mientras un puñado de eruditos de la época con sus largas chaquetas y sus sombreros de copa fumaban elegantemente sus pipas de tobago.

En una época de cambios y efervescencia empresarial ardía la locura creativa por las calles y aceras. Los hombres caminaban con firmeza y seguridad mientras sus mujeres y prometidas sonreían orgullosas cogidas de sus brazos. Lo más importante era dar con la solución o con la idea reveladora para triunfar. Y el éxito, era precisamente, lo que los Contadores vendían. Y, ¿quién no quería triunfar?

Ser un contador requería tener cierto grado de carisma y elegancia. No era solo lo que se decía, sino el cómo se decía. El buen contador tenía que disponer de una basta base de datos y de una imaginación e ingenio cautivadores. Es por eso que este grupo deslumbraba calando a los buenos hombres que allí se presentaban, buscando, la mayoría de las veces, solución a sus problemas e intrigas. Un par de reales eran suficientes para comprar una solución. Las preguntas o cuestiones se formularían en papeles depositados en pequeños huecos dentro una rueda giratoria situada en medio del salón y el debate tendría lugar al hacer girar esta rueda y tomar uno de estos papeles. El ilustre público esperaba impaciente ver salir sus esperanzas a manos de la suerte. Así pues, en cada una de las sesiones, cuatro cuestiones serían solucionadas a manos de la sabiduría práctica; es decir, con una serie de consejos y respuestas que los contadores vendían con plena confianza y garantía.

Un mal día desapareció la buena economía, y con ello se vaciaron los bolsillos y se ahogaron las inversiones y pretensiones. Para ganar ya no se podía arriesgarlo al todo o nada, la austeridad llevó a la mano dura con los negocios, a la picardía y al minucioso control de los movimientos bancarios, quedando la desconfianza como sentimiento principal de la sociedad. Las nuevas ideas llevaron a los contadores a la más miserable ruina. Las ilusiones ni son un negocio ni se puede comercializar con ellas. Los consejos son meras apreciaciones de una subjetiva realidad personal. Las garantías son nulas en materia de intuición. La buena vida no se puede comprar con palabras, sino con trabajo, esmero y fe personal, no ajena, no en personas cuyo interés era hacerse rico a costa de la esperanza de otras personas.

Y si bien es verdad que los contadores cayeron en la oscuridad de las disputas y reclamaciones de la gente por no ver cumplidos sus sueños, también es cierto que después de todo la gente despertó de su letargo. Se olvidó la filosofía barata de los pensadores y se confió en los criterios propios de supervivencia, en las nuevas ideas de gente de la calle, en la propia filosofía de vida. Y no fue que la gente ya no quisiera escuchar buenas soluciones, sino que empezó a creer que las respuestas a sus problemas solo podrían encontrarse dentro de ellos para que fueran verdaderas. A todo lo demás lo llamaron filosofía del ingenio, y a las teorías más surrealistas, arte contemporáneo. Fue entonces cuando acabó el periodo de luces verdes de los contadores, y a partir de ahí pasaron a denominarse los Cuentacuentos, magos de sombrero y pajarita para la diversión del público en los ratos libres. 

martes, 13 de diciembre de 2011

sábado, 10 de diciembre de 2011

Cuando un amigo se va


Los buenos recuerdos nunca se olvidan. Ni el tiempo los borra.

Te acuerdas aquel Halloween en el que nos disfrazamos de animadoras...siniestras? xD de las rutas nocturnas por lugares ocultos y prohibidos? de los litros acompañados de los tangas de leopardo con mil y un usos? O de las tardes de abuelas tejedoras en tu casa?

Cada cosa que pasó es una sonrisa que recuerdo a tu lado. Todo desde tus ojos era mucho más sencillo, porque sabías restarle importancia a las cosas más difíciles de llevar. Decidido, atrevido, divertido, con un pensamiento lateral no, en parábolas, comprensivo, peculiar cuanto menos, y especial cuanto más, trabajador, responsable y con las ideas siempre claras e inamovibles. Cada vez que dudé o estaba triste tú me diste la fuerza para continuar, o la decisión para actuar o la chispa para hacer de algo serio una curiosidad muy práctica. Cuando quisimos desconectar, estabas, cuando no queríamos salir también. Ahora sí, cuando quisimos ir al gimnasio (segunda parte), despareciste a los dos días. Tu compañía siempre las valorábamos. Conseguiste algo que ninguno de nosotros ha logrado hacer, que todo el mundo le quiera.

Te acuerdas del pollo al curry? o del curry al pollo? digo yo que sí, porque estuviste una semana entera acompañando cada plato con curry, hasta llegar al bocadillo íntegro de salsa de curry xD. Y las noches improvisadas de fiesta? “Oye, hoy me apetece salir, y a ti? a mí también, pues no se hable más y convirtamos este café en un litro de cerveza” y acabar en una casa de quien fuera bebiendo y riéndonos de las chorradas más divertidas mientras le dábamos la vuelta a la realidad, pre inter y posterasmus.

Me acuerdo de las sesiones cube 1 cube 2 y cube 3 y de acabar con las cabezas trastocadas y con ganas de ver zombies nazis en la siguiente sesión. O mejor aún de tu sofá absorbente, donde dicho sea de paso, la mejor siesta que recuerdo. Días de piscina veraniega por aquí y por allá. Tardes de asentamiento en Anaya junto al red burnt soleado y tooodas sus combinaciones. O las cervezas en temporada de exámenes allí mismo, para que nos refrescaran, nunca mejor dicho, la garganta, la cabeza y el espíritu. Seguro que te acuerdas tan bien como yo de la noche de Beatle Juice, Lidia y la científica loca. Pero seguro que jamás olvidarás la noche que hicimos la bola humana y rodamos sobre la nieve Vaguada abajo.

Pero a esta pequeña parte de recuerdos aislados le podemos sumar una buena dosis de días estupendos de compañía, risas, diversiones y perversiones, oscuridades, luces y guirnaldas, fiestas, estudios enclaustrados en bibliotecas, idiomas indomables, cuestiones inabarcables, enigmas, ganas de innovar o hacer de lo común algo mágico.

Me da igual por donde cogerlo. Tú eres y seguirás siendo especial para nosotros. Y nunca te olvidaremos.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Sueño de una noche de invierno

Me quedo dormida profundamente, 7, 6, 5 , 4 , 3, 2, 1... estoy dentro!
Voy a la compra y preparo los bocadillos. Recojo mis cosas del salón de una casa de verano para hacer una excursión, llevo varios días poniéndolo todo apunto para que no falle nada, incluso fui a pasar la itv del coche, cosa que siempre hace él, pero esta vez me adelaté yo jijiji.
Y se pone el tiempo nubladillo, excusa ninguna para disfrutar de un fin de semana apartado de la civilización, como dios manda. Estamos yendo para allá y a medio camino él olvida que tiene algo que hacer en casa, algo urgente e inaplazable. Le llevo rápidamente a casa, pero la vuelta no me impide disfrutar de mi salida, y nada más dejarle doy marcha atrás y vuelvo a empezar mi viaje al nuevo mundo.
Lo seguiente que recuerdo es estar a orillas de un lago precioso, así como del norte de Europa o quizás en Pirineos. Había mucha gente, cuánto más gris se ponía el cielo más gente salía a la calle. Salían a la calle desconcertados, como hormiguitas revolucionadas en los días de lluvia. Me miraba al pasar como si de verdad fuera de otro mundo, una extranjera muy extraña. De repente, me suena la pda o lo que sea, iphone? pero no mía, sino la de mi marido, que está en el maletero, y con su cabeza loca lo olvidó entre todas las cosas del viaje. Asi que voy corriendo a cogerlo, y leo en la pantalla "Hola cielo, soy Inma, espérame que no tardaré mucho, solo 10 minutos más, te aseguro que luego me lo agradecerás ;)"
7, 8, 9, 10... estoy fuera! Despierto, me lavo la cara, qué narices ha sido eso¿?



" Sed aequam memento rebus in arduis servare mentem "